Ruta botánica criptogámica en Buitrago de Lozoya (30/11/2025)

El pasado domingo me junté con la Asociación Vida Silvestre Ibérica para realizar una nueva ruta de botánica criptogámica. En este caso nos hemos ido a Buitrago de Lozoya.

El recorrido nos llevó por la ribera del río Lozoya aunque a varios metros del mismo. El camino nos permitió tener una vistas estupendas del río y calentarnos con algún rayo de sol en varios puntos que hacían de mirador.

Tampoco fijamos mucho la vista a lo lejos, ya que lo que fuimos a buscar lo teníamos cerc, junto a nuestras botas o a la altura de los hombros. Al iniciar el sendero nos topamos con una roca que se apoyaba en un tocón que pedia a gritos que nos detuviéramos a escudriñarla. No hablamos hecho mas que empezar el sendero así que dudamos si era pertinente. Lo era, allí había prácticamente todo lo que buscábamos; musgos, líquenes y hongos. De cada grupo había varias especies. Encontramos cladonias (Cladonia sp.) en la base de la madera, musgos estrella (Syntrichia ruralis) cubriendo gran parte de la roca y hongos de la especie Arrhenia spathulata saliendo de entre este musgo.

Vistas del río Lozoya. A la izquierda a vista de criptogama y a la derecha enfocando la mirada mas allá.

Tampoco fijamos mucho la vista a lo lejos, ya que lo que fuimos a buscar lo teníamos cerc, junto a nuestras botas o a la altura de los hombros. Al iniciar el sendero nos topamos con una roca que se apoyaba en un tocón que pedia a gritos que nos detuviéramos a escudriñarla. No hablamos hecho mas que empezar el sendero así que dudamos si era pertinente. Lo era, allí había prácticamente todo lo que buscábamos; musgos, líquenes y hongos. De cada grupo había varias especies. Encontramos cladonias (Cladonia sp.) en la base de la madera, musgos estrella (Syntrichia ruralis) cubriendo gran parte de la roca y hongos de la especie Arrhenia spathulata saliendo de entre este musgo.

Arrhenia spathulata con Syntrichia ruralis

Nos despegamos de la roca con cariño y sabiendo que si buscábamos más, algo más encontraríamos. Pero queríamos conocer también el lugar más allá, conocer las criptógamas que vivían en el monte y no solo en aquella roca.

A la izquierda el río, a la derecha la ladera del monte, con un talud de rocas y suelo que nos quedaba cerca del cuerpo. A esta distancia fuimos reconociendo otras especies; una Peltigera por un lado, una Lasallia por otro. Empezamos a ver una variedad grande de líquenes foliáceos.

Lasallia pustulata / Peltigera praetexata

Mientras unos mirábamos en un lado del suelo, alguien descubrió algo nuevo. Nos acercamos y resulto que habíamos dado con hepáticas, otro grupo que veníamos a buscar. Estábamos de suerte. Dimos con una Porella en una piedra bien húmeda en una grieta que escurría agua como una esponja desde la montaña. Detectamos algunos briofitos más, pero continuamos la marcha.

Nos internamos al rato en un pinar y percibimos los cambios en el ambiente, en la vegetación y en que aquí entraba algún claro. Nos dispersamos un poco buscando musgos del suelo del bosque. Encontramos piñas, pero piñas llenas de setas. Se trataba del hongo Baeospora myosura. Cada piña cogida con la mano parecía un barco con las velas dispuestas al viento. Mirando de cerca y girando las piñas pudimos ver en detalle cada elemento de esos cuerpos fructíferos.

Poco después el suelo lo encontramos lleno de estrellas de tierra, de Astraeus hygrometricus con sus brazos (lacinias) erguidas y secas, lo que nos mostró que habían pasado ya días desde que se abrieron por primera vez y que la humedad era alta. Estos hongos son, ademas de bien vistosos, auténticos higrómetros.

Baeospora myosura / Astraeus hygrometricus

Alguna especie se repitió y tuvimos momentos para repetir su observación y quedarnos más con sus formas. Pero también aparecieron otras. Cruzando un arroyo bajo una roca asomaba como un ramillete un helecho. Otro de los grupos que veíamos a buscar; los pteridofitos. Llegamos a ver tres especies. El Adiantum septentrionale, no tan vistoso hizo su encuentro especial.

Adiantum septentrionale / Adiantum billotii

Entre encinas y pinos nos detuvimos al sol a tomar un almuerzo y así levantar la vista de las piedras, troncos y suelo.

Nos relajamos. La vista cayó al suelo y ahí estaba, otra hepática. Una más pequeña y en la que quizá no hubiéramos deparado si no hubiéramos…, precisamente parado. Se trataba de Riccia cillifera. Sobre un suelo arcillosos compacto pero mojado y con un color verde azulado. Sus pelos o cilios nos dieron la pista de la especie de Riccia que era.

Reboulia hemisphaerica / Riccia ciliata

Con energía cambiada caminamos bajo pinos de charla distendida. Hongos, líquenes, briofitos y algas se nos escapaban de la vista, pero el paisaje nos daba conversación y el monte nos había dad mucho fruto ya. Emprendimos el camino de regreso al pueblo de Buitrago de Lozoya.

Nos despedimos deseándonos feliz año y vernos pronto buscando bajo la hojarasca.

Listado de algunas de las especies identificadas:

Helechos:

  • Aspelenium truchimanes
  • Aspelenium septentrionale
  • Adiantum billotii

Hongos:

  • Baeospora myosura
  • Mycena meliigena
  • Arrhenia spathulata

Musgos

  • Tortula muralis
  • Grimmia pulvinata
  • Syntrichia ruralis
  • Hypnum cupressiforme

Hepáticas

  • Riccia cillifera
  • Porella platyphylla
  • Reboulia hemisphaera

Líquenes

  • Cladonia fimbriata
  • Lasallia pustulata
  • Peltígera sp.
  • Xanthoria parietina
  • Evernia prunastri
  • Rhizocarpon geographicum

Los invisibles del suelo

Cualquier paseo por un bosque nos deja un visión de exuberancia. Una visión mágica de un lugar con un peso culturar ingente. La fantasía envuelve el ecosistema, los cuentos populares, las canciones la tradición oral siempre viajan por esos bosques. Ya sea la Selva Negra con sus abetales o un encinar mediterráneo. Las sombras, la densidad de las frondes nos lleva al imaginario escondido de lo que no vemos.

Cuando se piensa en lo oculto se piensa en seres desconocidos, seres que nos observan si que podamos verles, animales, fauna. Pero en un bosque, como en cualquier otro ecosistema existe la magia de aquellos que construyen el mismo. Los que no se ven y que no descansan en su trabajo por mantener los ciclos. Habrá quien diga que son lo mas bajo en el sistema, algunos los mencionan como anexos a lo visible. El bosque no lo es sin ellos. La dehesa no es dehesa sin ellos.

No solo son los hongo de pequeño tamaño invisibles, con ellos conviven multitud de seres vivos como colémbolos, ácaros y bacterias, entre otros. Estos invisibles son los descomponedores. Los que transforman la rama caída en fuste. Los que de bajo la hojarasca guardan el rico tesoro que hace perdurar al bosque. Son los imprescindibles, de los que poco se habla y que si desaparecieran el bosque quedaría sepultado en madera muerta. Y es que el término de madera muerta para definir aquellas ramas y troncos caídos o en pie, de árboles o arbustos muertos, no es muy acertada. Esa madera está si cabe más viva que cuando el árbol vivía. La descomposición de la madera es sinónimo de microecosistema. Allí no solo caben todos aquellos invisibles, sino que también podremos ver musgos y líquenes arropar la madera, al tejón guarecerse bajo el tocón, o al picapinos saquear.

Tocón de haya trasmocha. Madera muerta necesaria para el ecosistema.

La bonita visión de fantasía de un bosque no es solo la magia de toparse con un lobo, sorprenderse con el vuelo de un búho real o encontrar un colorido clatro. La magia es realmente comprender el ciclo que perpetúa ese lugar, hacernos partícipes de la delicadeza y a la par sólida construcción. La magia es que nuestra especie se sorprenda, entienda el funcionamiento y trabaje para no dañar a los invisibles. Que aunque algo no se vea o comprenda el daño no es menor. Hemos de aprender mucho en conservación cuando en la mayoría de os casos no contamos con los invisibles. Los invisibles son los menos estudiados y por tanto los más dañados al llevar a cabo actuaciones en prácticamente cualquier ecosistema.

Coprinus picacea

De entre las especies de Coprinus, es Coprinus picacea uno de los que más llaman la atención; tanto por su tamaño como por el contraste de colores de su sombrero acanalado. Posee anchas placas poligonales blancas en su sombrero negruzco brillante, estas procedentes del velo universal que cubre el carpóforo en las primeras fases de su desarrollo. Su altura puede llegar a los 25 cm por lo que es llamativo entre el manto de hojarasca de los bosques ce caducifolios donde se suele encontrar. Es saprófito, crece casi indiferentemente del suelo sobre materia orgánica, ya que se ha constatado que parece preferir suelos basófilos.

C.picaceus (Muda_30-10-2016)_firma

Vipera latastei

Desde la primavera hasta final de verano los reptiles y anfibios son algo más protagonistas en el campo, y por supuesto en los paseos por el bosque tenemos oportunidad de encontrarlos.

Los anfibios, como el Bufo bufo o sapo común son activos por la noche, por lo que por el día suelen buscar un sitio oscuro y fresco donde quedarse, este sitio fue la entrada de casa la semana pasada, hasta que el pobre animal de tanto entrar y salir decidió que no era buen lugar y no le volvimos a ver.

Los reptiles los tenemos más presentes, ya que las lagartijas aparecen a cada paso especialmente a las horas de mayor insolación, es la regulación térmica de sus cuerpos de sangre fría lo que les hace asomarse a las rocas. Pero también las serpientes, como las víboras lo hacen. Este precioso ejemplar me permitió un par de fotos antes de guarecerse en un roquedo en posición defensiva.

Vhocicuda_LaHiruela_(14-08-2017)_1000_firma

La víbora hocicuda (Vipera latastei) la podemos diferenciar por dibujo ondulado oscuro grisáceo a pardo sobre un tono más claro y por su hocico levantado. Las víboras a diferencia de las culebras poseen una cabeza en forma de flecha más pronunciada, menos redondeada, su cola más corta a veces es de amarilla a negra, simulando con un movimiento serpenteante ser un gusano para así atraer a sus presas.

Existen otras dos importantes especies de víboras en la Península; la víbora de áspid (Vipera aspis) propia de los Pirineos y la víbora de Seoane (Vipera seoanei) que se encuentra en el norte de España en la zona cantábrica.

Plagiomnium undulatum

La llaman lengua de ciervo y es la primera vez que deparo en esta preciosa especie, Plagiomnium undulatum, pero de seguro que me habré cruzado con ella en más de una ocasión. El ejemplar de la foto lo encontré en una zona de rocas profunda en medio de un hayedo en la cara de umbría de la montaña.

musgohelecho-muda-30-10-20161000firma

Plagiomnium undulatum es un musgo acrocárpico que requiere de gran humedad y especialmente lugares sombríos. Su nervio central es muy marcado y el gametófito pude alcanzar los quince centímetros. Destaca en gran parte por sus filidios de dos a 5 centímetros con forma de lengua redondeados en el extremo, donde termina el nervio (precurrente a algo excurrente). Cada filidio además de ser levemente ondulado posee diminutos dientes a lo largo de su filo.

En fase fértil pueden verse de dos a seis esporofitos proyectados desde la zona apical del gametofito, estos miden unos dos o tres centímetros, con cápsulas verdes  de 5 milímetros.